Cómo usar bien un Satisfyer

¿Cómo usar bien un Satisfyer? Es bien fácil, escuchar esta historia…


-¡Sorpreeesaaa!

Me quitaron la venda de los ojos y en el salón de casa de Marta había como treinta personas alzando las manos y tirando confetti.

Cumplía 27 años y Marta me había preparado una fiesta sorpresa. Marta sabía que no me gustan este tipo de eventos pero también sabía que pronto haría un año que lo había dejado con mi novio y pensó que la fiesta podría levantarme los ánimos. Era una buena amiga.

Sentí vergüenza al ser el centro de atención pero se me pasó rápido con una copita de vino. Di muchos besos y abrazos. Os engañaré si os digo que no me puse un poco cachonda al notar las barbas de los chicos… Una barba es como una polla, cuando la ves en una foto puede no decirte nada, pero cuando la notas cerca te pones muy perra.

Sin duda el vino estaba haciendo efecto.

Marta lo había dispuesto todo para que la cena fuera un pica-pica y todo el mundo cenara de pie. Había sillas en las paredes y la gente se sentaba si quería.

Había música y bailamos un poco. Los chicos, haciendo broma, se me arriban bailando pero notaba sus paquetes en la raja de mi culo. Algunos iban empalmados y la verdad es que me gustaba esa sensación aunque sea un poco asquerosa.

Llegó el pastel y el momento de soplar las velas. De pronto, Marta me plantó un regalo encima de la mesa. Era un paquete más bien pequeño. Lo abrí.

Sorpresa

El regalo que tenía delante de mí era un Satisfyer. «Marta, hija de puta» -pensé. Algunos chicos reían, otros se aguantaban la risa y otros, simplemente aplaudían.

Honestamente, llevaba tiempo pensando comprar un satisfyer.  Todas mis amigas tienen uno. No puedo culpar a Marta porque ella también lo tiene y cuando abrí el paquete lo primero que dijo fue que ella lo tenía y que le había cambiado la vida. En el fondo, fue un buen regalo. Quizás no en el mejor momento, pero me hicieron un favor.

succionador de clítoris

Todo el mundo empezó a despedirse y poco a poco nos quedamos solas Marta y yo.

-¿Te ha gustado el regalo? -me preguntó Marta.

-Tía que vergüenza, qué cabrona, pero la verdad es que sí.

-Ya verás, vas a tener unos ogasmos que lo flipas. ¿Lo usamos ahora?

No me acababa de creer lo que Marta había dicho. Pero antes de procesarlo Marta se me lanzó encima y me morreó con todas sus fuerzas. No sé si fue por el vino o por el simple hecho de tener una lengua en la boca el coño me empezó a arder.

-Tía, estoy chorreando.

-Va, tía, un día es un día -dijo Marta.

Qué bien funciona este satisfyer

Marta me metió la mano en el coño entre mis braguitas y hundió todo su dedo medio en mi vagina. La muy cabrona lo empezó a agitar a saco y yo no podía para de ponerme super cachonda.

También me abrió el vestido dejándome los pechos al aire y me empezó a chupar los pezones. Se me pusieron erectos como una roca.

Marta se giró  y sacó de la caja el Satisfyer.

Cómo usar bien un satisfyer

Sin duda, Marta sabía cómo usar bien un satisfyer.

Primero, me lo pasó por los pezones. La clase de estímulo que recibí, me costaría describirlo. No obstante, fue una buena caricia.

Marta lo fue bajando más y más… hasta llegar a mi clítoris.

Las pequeñas descargas de placer que el Satisfyer iba liberando en mi clítoris eran muy excitantes. Mi cuerpo respondía con pequeños espasmos y alejaba con mi mano derecha la mano de Marta que me aplicaba el Satisfyer.

Si recibía tres descargas más de aquellas me correría demasiado rápido y quería disfrutar más. Marta me metía el dedo hasta mi cuello uterino y la combinación de aquellos dos estímulos me estaba volviendo loca.

Mi espalda se arqueaba y me tapaba la boca cada vez que una oleada de placer recorría mi cuerpo.

Intenté controlarlo al máximo pero al final no pude evitarlo. Un chorrito de mi pipi me salió disparado y dejé empapada la muñeca de Marta. Marta me felicitó: «Feliz cumpleaños».

Hora de dormir

No pude aguantar más y mis piernas empezaron a temblar como si se hubiesen vuelto locas. Ya no controlaba nada y lo que antes había sido un chorrito de pipi, ahora era un torrente de corrida cálido que me hacía sentir libre y muerta de vergüenza a la vez. Lo dejé todo perdido.

Marta me empezó a acariciar todo el cuerpo hasta que mis temblores cedieron. Ya no recuerdo nada más. Me desperté sola en el sitio donde me había corrido a lo bestia. Marta me había dejado durmiendo y además había limpiado todo la mancha que dejé en el suelo.

Sin duda, Marta sabe cómo usar bien un satisfyer.

 

 

 

 

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